Sumisión ante el uniforme



Tal y como están las cosas, los amantes de inclinarse sexualmente ante una vestimenta, como fantasía escenificada, tendrán que ir pensando en incluir en su guardarropa el uniforme de inspector de hacienda, o el de implacable recaudador de impuestos, de funcionario de la delegación que corresponda o de choferesa del ministro de la cosa pública. A simple vista, promete placeres de sumisión muy superiores a los que se pueden disfrutar ante un tenientucho de los picoletos o un vulgar sargento de tráfico poniéndote una multa. Lo único malo es que, esos, suelen ir de incognito.

ABC ALMACENAJE
















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